Andy Murray con el trofeo de Amberes. Foto: Prensa Latina.

La odisea de Andy Murray: del retiro a un nuevo título

Se retiró en enero y se consagró campeón en octubre. Un repaso del controvertido año de Andy Murray que demostró su entereza para salir adelante.

Estaba terminado. Era el final. Entre lágrimas y una gran desazón que invadía su alma, Andy Murray anunciaba en Australia que el retiro estaba cerca. El británico comenzó con fuertes dolores en su cadera en julio de 2017 cuando todavía era número uno del mundo y enfrentó en Wimbledon al estadounidense Sam Querrey en cuartos de final. Desde ese día, la carrera del escocés se transformó en un calvario y en un ida y vuelta de lesiones que conmocionó al mundo entero.

El dolor lo atormentaba, abrumaba y no lo dejaba moverse con tranquilidad ni siquiera para caminar. En enero de 2018 pasó por la primera operación pero esa intervención que fue realizada en Melbourne no fue capaz de solucionar la pesadilla que vivía el nacido en Glasgow, Escocia. Ese año, solo pudo saltar a pista en 6 torneos pero en vez de evolucionar, los pinchazos en su cadera iban en aumento. Por eso, el mejor británico de todos los tiempos recapacitó, supo interiormente que de esa manera no podía continuar y empezó a preocuparse por lograr una mejor calidad de vida.

Tras un 2018 defectuoso que lo tuvo más tiempo fuera que dentro de las canchas y que no trajo las soluciones esperadas, el hombre del Reino Unido decidió acudir a la primera gran cita del 2019, la cual tendría lugar en Australia. En primera ronda, enfrentó a Roberto Bautista Agut y quedó eliminado después de un apasionante encuentro de más de cuatro horas que finalmente decantó para el lado del español (6-4, 6-4, 6-7, 6-7 y 6-2).

Combatió con mucha valentía y con el profesionalismo de siempre. Sin embargo, el duelo lo dejó extenuado, sin resto físico, acabado y con una tristeza indisimulable en su rostro que, minutos después, se entendería con exactitud. Por dentro estaba destruido y en su mente ya empezaba a formular las palabras del adiós. Con una angustia enternecedora, una voz apagada y escondido debajo de su gorra, Murray comunicó en rueda de prensa que dejaría para siempre el tenis por el incesante dolor de cadera y afirmó que quizás ese haya sido su último partido como profesional.

El llanto de Murray tras anunciar el retiro en el Australian Open. Foto: Mundo la Voz.
El llanto de Murray tras anunciar el retiro en el Australian Open. Foto: Mundo la Voz.

“No me siento bien. He sufrido durante 20 meses. Intenté hacer todo lo posible para que mi cadera esté bien pero el dolor no ha cesado. Quiero llegar a Wimbledon y retirarme ahí pero ni siquiera estoy seguro de poder hacer eso. No estoy seguro de poder soportar el dolor cuatro o cinco meses más”, afirmó Andy que paralizó a los seguidores del deporte. No obstante, una pequeña luz de esperanza se abrió en el corazón del tres veces campeón de Grand Slam luego de recibir el mensaje de Bob Bryan, quien pasó por una situación similar y le aconsejó otra operación basándose en su experiencia personal.

Inspirado en la vivencia de uno de los mejores doblistas de la historia, Andy Murray decidió volver a atravesar una cirugía. Fue en Londres a fines de enero y si bien para esa altura el regreso del británico al circuito era prácticamente una utopía, una mínima chance lo mantenía expectante. El objetivo principal, sin embargo, no era ese: con 31 años y toda una carrera exitosa sobre sus hombros, el doble medallista de oro olímpico decidió afrontar la segunda operación con vísperas de futuro para su vida personal. Encontrar alivio, reconstruir su cadera, tener una vida más calma y sin tanto dolor vencían al deseo de volver a competir.

Sorpresiva y alegremente, la operación fue todo un éxito y tiempo después de la misma, Murray aseguró que ya no sentía dolor y que pensaba en volver a jugar al tenis en la modalidad de dobles. Y así fue: con Feliciano López como compañero, el escocés volvió al ruedo en el ATP 500 de Queen’s y el retorno fue, además, con un nuevo título. Después de varios torneos de dobles, tomó la decisión de poner a prueba a su físico en la modalidad de singles, lo que se presentaba como el gran examen a rendir.

El hecho ocurrió en Cincinnati y fue una rápida despedida en primera ronda ante Richard Gasquet. El británico no jugó bien pero se fue del Másters 1000 con saldo a favor y entusiasmado ya que no recaer en dolores era la principal inquietud. Después de dos breves pasos por Winston-Salem (perdió con Tennys Sandgren) y el Challenger de Mallorca (cayó con Matteo Viola), llegó la gira asiática que llenaría de gloria y felicidad a Andy Murray.

El enorme tenis del ex número uno del mundo fue apareciendo y acercándose al nivel propio de un fuera de serie. En Zhuhai perdió en un gran partido ante Alex de Minaur, una de las promesas del circuito. En Beijing demostró estar capacitado para grandes duelos y confirmó estar de regreso después de perder en cuartos de final con Dominic Thiem en un compromiso que lo mantuvo luchando de igual a igual. Finalmente, tras perder en segunda ronda en Shanghai, viajó a Bélgica, país que recordará por siempre por ser el sitio donde recogería los frutos del esfuerzo y daría una lección de superación y grandeza.

En el ATP 250 de Amberes, el diestro de revés a dos manos y un juego al resto envidiable tocaría nuevamente el cielo con las manos. Superó a Coppejans, Cuevas, Copil, Humbert y Wawrinka para dejar atrás un pasado angustiante y transformar llantos de angustia en lágrimas de felicidad y bienestar. Andy Murray, uno de los mejores de todos los tiempos y miembro del legendario big four, salió del pozo depresivo y volvió a gritar campeón después de dos años y 8 meses. Y su merecida alegría, se replicó en todas partes del mundo.

 

 

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